
Los Ángeles es una ciudad rica en agua, si tan solo el concreto le permitiera fluir completamente. Fotografía by Alex Krowiak
Artículo
• 7 min read
• 07.08.2026
¿Qué es la infraestructura viva?
La infraestructura viva está en todas partes. La definimos como una forma de diseñar y cuidar de nuestros barrios para que toda vida pueda florecer.
Artículo explicativo por Alisa Petrosova y Devon Provo
Alisa Petrosova es artista interdisciplinaria y directora de narrativas estratégicas en Spherical.
Devon Provo es urbanista, herbolario y gerente sénior de planificación y alineación de programas en Accelerate Resilience L.A.
Si en este momento tomaras un pie cuadrado de tierra saludable de debajo de Los Ángeles, probablemente encontrarías más microorganismos trabajando en él que seres humanos en la tierra.
Esos microorganismos descomponen la materia orgánica, reciclan nutrientes y mantienen comunicación constante con las raíces de las plantas, transmitiendo señales químicas a través de una red tan compleja y sensible que los científicos la han comparado con el sistema nervioso. Bajo el suelo del bosque, los filamentos fúngicos conectan las raíces de los árboles entre sí, permitiéndoles compartir azúcares. Frente a la costa, los bosques de algas gigantes absorben carbono, disminuyen el oleaje y crean microclimas costeros más estables que transforman la vida a lo largo de la línea costera. A escala planetaria, los bosques inhalan carbono y exhalan oxígeno y vapor de agua siguiendo ritmos que influyen en los patrones de lluvia a miles de kilómetros de distancia.
A esto lo llamamos la red de la vida: un sistema de relaciones recíprocas que funciona en todas las escalas, desde el microbioma bajo nuestros pies hasta la atmósfera sobre nuestras cabezas. Todo en ella está conectado. Todo depende de todo lo demás.
Esto es la infraestructura viva. Ha estado funcionando por miles de millones de años. Hace circular el agua, genera suelo fértil, regula la temperatura, sostiene los hábitats y mantiene las condiciones sobre las que descansan todas las ciudades, las comunidades y toda la actividad humana
Cuando hablamos de “infraestructura viva”, nos referimos a dos cosas: la red de la vida que sostiene nuestras ciudades y la práctica de trabajar con esa red, en lugar de hacerlo en su contra. Nos referimos a diseñar la actividad humana para que participe en la red de la vida, en lugar de imponerse sobre ella.
Cómo la colonización borró la infraestructura viva
Las personas siempre han moldeado sus paisajes. Durante milenios, comunidades de todo el mundo diseñaron sistemas hídricos, gestionaron el fuego y cultivaron la tierra de formas que armonizaban con la red de la vida.
Una cosmovisión basada en el control y la separación se propagó durante la colonización y vino a dominar las decisiones gubernamentales, económicas y de planificación urbana. Esta visión trataba la red de la vida como materia prima: ríos que desviar, humedales que drenar, tierra por cubrir y sobre la cual construir. A cambio, las ciudades obtuvieron carreteras, suministros de agua, control de inundaciones y electricidad. Por un tiempo, esto ayudó a los humanos a prosperar. A algunos mucho más que a otros.
Definimos la infraestructura como mucho más que algo físico; esta abarca la gobernanza, las estructuras sociales y la gestión responsable que moldean la actividad humana y la interacción de las personas con sus espacios a través del tiempo.
En Los Ángeles, la expansión urbana cubrió con pavimento cientos de acres de hábitat nativo. Cientos de millas al norte, los planificadores urbanos construyeron el Acueducto de Los Ángeles, el cual desecó Patsiata (Lago Owens) a una década de su terminación, dejando tras de sí un polvo que superaba hasta cien veces los límites de seguridad de la calidad del aire. De vuelta en Los Ángeles, la segregación residencial concentró infraestructuras nocivas en comunidades negras, latinas y de bajos ingresos, donde aún permanecen.
Hoy, gran parte de nuestra infraestructura reemplaza la tierra y la vegetación con pavimento y concreto. Durante las tormentas, estas superficies duras provocan que el agua fluya rápidamente hacia desagües y canales, aumentando el riesgo de inundaciones e impidiendo la recarga de acuíferos. En días calurosos, esas mismas superficies atrapan el calor y elevan la temperatura de los barrios. Este modelo extractivo no logra proteger a las personas porque erosiona los mismos sistemas vivos que hacen nuestra supervivencia posible—sistemas que han sido perfeccionados y cultivados a lo largo de miles de millones de años.
La infraestructura moderna como esta siempre ha servido a algunos humanos a costa de otros—y de todos los demás sistemas vivos.
En South Central L.A., resulta difícil escapar de la industria de los combustibles fósiles. La infraestructura viva afronta los desafíos de convivir con la industria, sembrando la posibilidad de que las comunidades puedan imaginar un futuro distinto. Fotografía de Carlos Jaramillo.
La infraestructura viva ofrece un enfoque de planificación a más largo plazo. Reimagina la infraestructura para que opere en armonía con la salud de la red de vida, honrando el papel que desempeña cada elemento vivo de dicha red en el mantenimiento de la resiliencia de todo el sistema.
De infraestructura verde a infraestructura viva
A medida que los costos de la infraestructura extractiva se vuelven cada vez más difíciles de ignorar, los profesionales comenzaron a buscar alternativas.
La infraestructura verde (como la restauración de humedales, jardines de lluvia, arbolado urbano, biozanjas y parques inundables) surgió como una medida correctiva. Esta reconoció que los sistemas naturales realizan funciones que los sistemas de concreto no pueden: absorber el agua, enfriar el aire, filtrar contaminantes, sostener un hábitat. En 2016, California reconoció formalmente las cuencas de captación de agua como componentes de su infraestructura hídrica, reconociendo que los bosques y las praderas desempeñan una labor esencial. Los humedales redujeron los daños causados por el súper huracán Sandy en un monto estimado de 625 millones de dólares. Los corredores verdes en Medellín redujeron la temperatura local en 2°C en tan solo tres años.
La infraestructura verde ha permanecido, en gran medida, en manos de especialistas. Las investigaciones muestran que solo el 13 porciento de los planes de infraestructura verde de los Estados Unidos definen qué significa un acceso equitativo o quiénes se benefician de ello. Casi todos—más del 90 porciento—carecen de procesos de planeación inclusivos. Los nuevos parques desplazan a viejos residentes, mientras que los beneficios se concentran en los barrios más adinerados.
Definimos la infraestructura como mucho más que algo físico; esta abarca la gobernanza, las estructuras sociales y la gestión responsable que moldea la actividad humana y la interacción de las personas con sus espacios a través del tiempo.
“Los seres humanos no están separados de los sistemas vivos de la Tierra. Los barrios, las prácticas culturales, las redes de apoyo mutuo y las organizaciones comunitarias funcionan como sistemas vivos, con sus propias historias, conocimientos y formas de relacionarse y operar.”
La infraestructura viva nos lleva más allá de las soluciones técnicas y nos adentra en las relaciones que hacen que los lugares funcionen. En la infraestructura verde, una parte de la red de la vida puede que reciba más atención, pero se trata como una intervención física y no como un sistema socioecológico. Las personas que forman parte de ese sistema rara vez tienen la oportunidad de moldear el diseño, ser partícipes en su cuidado o ser reconocidas como una parte esencial en su éxito. Como resultado, es común que la infraestructura verde pase por alto las mismas relaciones que necesita para sostenerse.
Para contestar la pregunta “¿Qué es la infraestructura viva?” podríamos decir: “entonces, ¿qué es vivir?” Se niega a una definición. Implica entrelazamiento, complejidad y la inmensa belleza de una historia que nunca deja de revelarse, porque la resiliencia no es algo que simplemente podamos instalar y dar por sentado; es algo que se practica con el tiempo. Es una danza constante de adaptación entre las personas, los lugares y los sistemas que las sostienen. La infraestructura viva significa incorporar todos estos principios—incluso nuestra manera de vivir—a la forma en la que interactuamos unos con otros y con nuestros barrios.
Un mundo con raíces en la conexión, la aceptación y la interdependencia
Los seres humanos no están separados de los sistemas vivos de la Tierra. Los barrios, las prácticas culturales, las redes de apoyo mutuo y las organizaciones comunitarias funcionan como sistemas vivos, con sus propias historias, conocimientos y formas de relacionarse y operar.
Para comprender la infraestructura viva, primero hay que ver a los árboles. ¿Qué nos dicen? Fotografía por Alana Celii / Connected Archives
Una planta del chaparral se ha adaptado al fuego; sus semillas necesitan del fuego para germinar. Un río tiende a desbordar sus riberas; tal proceso deposita sedimentos y recarga los acuíferos. Una comunidad que ha cuidado un lugar durante generaciones posee un conocimiento sobre su funcionamiento que ningún estudio técnico puede replicar. Una infraestructura que ignora cualquiera de estos sistemas fracasará del mismo modo que lo hacen los canales de concreto para el control de inundaciones: al imponerse sobre la estructura de la red de la vida e intentar dominarla.
Imagina, en cambio: una biozanja diseñada junto con las personas que la cuidarán y respaldada a través del tiempo por un equipo comunitario encargado de su cuidado. Un patio escolar despavimentado cuya planeación gire alrededor de cómo los niños realmente usan el espacio. Un recinto de acceso público en el que un centro para adultos mayores y una guardería compartan jardines integrados, permitiendo a los adultos mayores cuidar de las plantas mientras los niños juegan y aprenden a su lado. La infraestructura viva no se define solo por lo que se construye, sino también en cómo se gobierna, a quién va dirigida y quién cuenta con los recursos para sostenerla a través del tiempo. La infraestructura viva exige un cuidado continuo, en estrecha relación con un lugar y todos quienes lo llamen hogar.
Las ideas que dan origen a la infraestructura viva provienen de las prácticas indígenas de cuidado del territorio, los movimientos de justicia ambiental, la ciencia ecológica y las tradiciones de planificación comunitaria de diversas culturas e historias. (Consulta la página de créditos para conocer con más detalle la genealogía de estas ideas).
La infraestructura viva nace de estos pilares
Cinco principios describen este trabajo:
Honrar el Lugar: La infraestructura responde a las distintas necesidades y cualidades de cada lugar, cultura y ecosistema. En la práctica: diseñar parques y espacios verdes que reflejen el patrimonio natural y cultural de la región o sistemas de gestión del agua que imiten los ciclos hidrológicos locales.
Cultivar la Participación: Las comunidades guían la evolución de sus lugares en todas las escalas. Todas las personas tienen un rol. En la práctica: establecer procesos participativos para que las comunidades participen en el diseño y cuidado de sus barrios a lo largo del tiempo, fortaleciendo las relaciones entre los gobiernos y la comunidad o creando estructuras sociales como consejos comunitarios.
Acuerpar la Justicia: Atender a las comunidades y los ecosistemas afectados por infraestructuras del pasado. Promover el acceso universal y la inclusión. En la práctica: priorizar inversiones en zonas desatendidas, garantizar el acceso equitativo a espacios verdes o diseñar infraestructura pública que responda a diversas necesidades y capacidades.
Fomentar la Resiliencia: Diseñar para la adaptación, la confiabilidad y la recuperación frente a condiciones cambiantes. Dar prioridad al cuidado y al mantenimiento. En la práctica: diseñar con especies nativas que soportan las condiciones climáticas extremas de la zona o implementar paisajismo resistente a las inundaciones.
Regenerar la Vida: Fortalecer las redes de relaciones recíprocas que entretejen a los seres vivos y los lugares. Sembrar semillas para la vitalidad ecológica y social. En la práctica: integrar la conservación de la biodiversidad en los espacios verdes urbanos, fomentar un sentido de interconexión entre las personas y el mundo natural del que son parte o creando corredores verdes que conecten hábitats y faciliten el desplazamiento de la fauna silvestre.
¿Cómo cuidarás la infraestructura viva que te rodea?
Bajo el pavimento, encontrarás a los microorganismos trabajando arduamente. Los sauces siguen encontrando su camino hacia el agua. Estos sistemas han sobrevivido a todas las ciudades construidas sobre ellos. La infraestructura está a nuestro alrededor. La infraestructura somos nosotros. ¿Estamos dispuestos a cuidarla?
Incluso la maleza merece nuestro amor. La infraestructura viva consiste en encontrar un equilibrio con todo tipo de vida, hasta los dientes de león, aunque no sean especies nativas. Foto por Gus Frank
El Kit de Herramientas de Infraestructura Viva es una plataforma gratuita para la región metropolitana de Los Ángeles: ofrece herramientas de planificación basadas en mapas, datos locales y materiales de aprendizaje para cualquier persona que diseñe o proponga proyectos de infraestructura viva en su comunidad.
Si deseas republicar este artículo, estaremos encantados de autorizar su reproducción. Solo envía un correo electrónico a info@livinginfrastructure.org. También invitamos a nuestros aliados a compartirlo.

Corrección de estilo por Eleanor Robins
Traducción por Dante Ureta
Alisa Petrosova es una artista interdisciplinaria, escritora y estratega narrativa cuyo trabajo se sitúa en la intersección entre el clima y la cultura. Es directora de narrativas estratégicas en Spherical, donde desarrolla proyectos de narrativa territorial, campañas y experiencias. Tiene una maestría en clima y sociedad por la Escuela del Clima de la Universidad de Columbia, donde impartió clases de 2023 a 2025, y una licenciatura en Bellas Artes por Cooper Union.
Devon Provo es urbanista y escritor. Su trabajo se centra en restaurar las relaciones entre las personas y los lugares de los que forman parte. Como gerente sénior de planeación y alineación de programas en ARLA, lidera esfuerzos interfuncionales para garantizar que los programas, las iniciativas de política pública y las comunicaciones estratégicas de la organización estén alineados con un enfoque de infraestructura viva. Tiene una maestría en planeación por la Universidad del Sur de California y una licenciatura en política urbana y ambiental por Occidental College.
Gus Frank es un fotógrafo radicado en Los Ángeles cuyo trabajo está inspirado en el surrealismo inherente al paisaje estadounidense.
Carlos Jaramillo es un fotógrafo méxico-colombo estadounidense radicado en Los Ángeles cuya práctica explora identidad, herencia y la intersección entre la tradición y la vida contemporánea.
Alana Celii vive y trabaja en Los Ángeles. Su trabajo ha sido publicado en numerosos lugares, incluido The New York Times, Atmos, Vogue, TIME, and Harper's.
Alex Krowiak es un fotógrafo y director creativo radicado en Los Ángeles cuyo trabajo busca tender puentes entre las personas y la naturaleza.
¿Listo para comenzar a co-diseñar?
El Living Infrastructure Field Kit fomenta un enfoque colaborativo para el diseño de proyectos.
Está disponible gratuitamente en el condado de L.A.





