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En esta fotografía de cuatro exposiciones, el Parque MacArthur y el Parque Lafayette aparecen superpuestos uno del otro, simbolizando la conexión entre los dos espacios públicos en Koreatown-Westlake.

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• 9 minutos

• 06.24.2026

El Espacio Entre Parques: Un Paseo Por El Espacio Verde Perdido De LA

Un nuevo reporte ha clasificado el acceso a los parques de L.A. entre los peores del país. La escritora Alissa Walker explora a pie su vecindario para imaginar dónde podrían florecer nuevos parques.

Ensayo por Alissa Walker

• Fotografías por Alejandra Martínez Cortes

Fotografías por Alejandra Martínez Cortes

Alissa Walker ha escrito sobre los espacios públicos y los parques de L.A. por dos décadas.

Soy madre de dos hijos en Los Ángeles y no tengo ningún parque cerca, así que me he vuelto una experta en improvisación urbana. ¿El pasto de este camellón es suficientemente bueno para hacer un picnic? ¿Puede la maleza de un terreno baldío funcionar como hábitat para las mariposas monarca? Donde vivimos, el parque “local” más cercano está a 20 minutos caminando. En una ciudad que prioriza los automóviles, cualquier oportunidad de conectar con la naturaleza es desplazada. ¿Dónde florece el destello más cercano de amapolas nativas o un murmullo de agua corriendo? Simplemente están fuera de alcance en una ciudad de pavimento, pavimento y más pavimento.

Esta es la realidad cotidiana para los 1.5 millones de Angelinos que no viven a menos de 10 minutos caminando de un parque. Y el problema solo está empeorando. Un nuevo reporte ha clasificado el acceso a los parques de L.A. entre los menos accesibles del país. Pero no necesito los datos para saberlo—observo esa realidad a donde sea que vaya. Pero también veo oportunidades: el trigo sarraceno californiano brotando entre el asfalto agrietado, los callejones salpicados de charcos después de la lluvia. Cada vez que recorro esa larga, calurosa caminata hacia el parque con mis hijos, imagino las posibilidades de una infraestructura viva.

Los residentes seguido encuentran terrenos baldíos cubiertos de maleza como este, al oeste del Parque MacArthur. Incluso las extensiones abandonadas de concreto pueden llenarse de vida si se les permite. Imagina todo lo que podría florecer aquí si recibiera el cuidado adecuado.

Desmenuzando el problema

Los Ángeles se ha quedado muy atrás de ciudades como San Francisco, Nueva York y Chicago en el índice anual ParkScore, elaborado por el Trust for Public Land. Al evaluar los sistemas de parques municipales de Estados Unidos por superficie, servicios, acceso y otros factores, la organización sin fines de lucro dedicada a la conservación del territorio ha construido el estándar principal para medir la equidad en la inversión en parques. Sin embargo, hace una década la posición de Los Ángeles comenzó a declinar. En 2016, L.A. se posicionó en el lugar 65 de 100 ciudades. El año pasado, fue el 90. El reporte más reciente, lanzado en mayo, nos muestra una ciudad encaminada a la catástrofe—este año, L.A. ocupó el lugar 93 de 100 ciudades más pobladas.

Los números pueden empeorar. En la segunda ciudad más grande de Los Estados Unidos, los barrios con minorías étnicas tienen 79 porciento menos áreas verdes que los barrios de población blanca, y los barrios de bajos recursos tienen 85 porciento menos áreas verdes que los barrios de altos recursos. Esas desigualdades también se ven reflejadas en los resultados de un reporte complementario que determinó que los parques generan un retorno económico de alrededor de 3 dólares por cada 1 dólar invertido. Los barrios que no reciben inversiones en parques nunca cosecharán esos beneficios: menores costos en atención médica y una mejor salud pública.

En 2025, L.A. llevó a cabo una evaluación de las necesidades de parques en toda la ciudad—a primera en casi 20 años—que incluía una nueva herramienta que dividía la ciudad en cuadrantes de una milla cuadrada para evaluar dónde debería haber nuevos parques. Al considerar indicadores que iban desde el ingreso de los hogares hasta los riesgos ambientales, la ciudad identificó los 25 sectores de mayor prioridad—incluyendo, justo como sospechaba, el cuadrante de Westlake-Koreatown donde se encuentra mi propio hogar.

“Con tanta demanda, L.A. simplemente debe hacer más espacio.”

Con solo mirar un mapa, se puede ver que Koreatown y Westlake tienen algunos parques y cuerpos de agua. Históricamente, los humedales y pantanos de estos barrios son las razónes por las cuales existen estos parques: Hace un siglo, los dueños de esas propiedades donaron a la ciudad lo que era considerado como imposible de urbanizar. Pero esos pequeños cuadritos verdes son engañosos. “Es una de las zonas más densamente pobladas de la ciudad, pero con menos zonas verdes”, dice Jon Christensen, profesor adjunto del Instituto de Medio Ambiente y Sustentabilidad de la UCLA, quien colaboró en el desarrollo de esta herramienta.

El que haya tantas personas usando tan poco espacio verde genera otro fenómeno: “park pressure” o “parques en estrés”, la saturación de los parques. Además de incrementar los costos de mantenimiento y reparación, ese nivel de uso puede deteriorar los pocos paisajes vivos que aún nos quedan. Con tanta demanda, L.A. simplemente debe hacer más espacio.

La arquitecta paisajista Esther Margulies coincide. Fundadora del despacho de arquitectura paisajista The Office of the Designed Landscape, participó en la evaluación de parques de la ciudad en 2009. “Con los incrementos de densidad poblacional”, dice, “¿dónde está el crecimiento proporcionado de espacios abiertos que aseguren que estamos construyendo barrios saludables y no solo barrios más densos?” Con esa pregunta en mente, salí a recorrer cada calle del cuadrante de Westlake-Koreatown para encontrar los lugares donde la infraestructura viva pudiera echar raíces.

El Parque Lafayette estuvo alguna vez lleno de pozos petroleros. Ahora es un lugar, donde el mundo vivo converge con los icónicos rascacielos de L.A.

Caminando en busca de verde

Mi verificación en campo comenzó cerca del Parque MacArthur y el Parque Lafayette. Estos espacios tan utilizados—que albergan centros recreativos, campos deportivos, áreas de juegos y todos los desafíos urbanos que enfrentan los parques en estrés—se han vuelto esenciales tanto para las familias que viven en departamentos hacinados como para personas en situación de calle. Un sábado de primavera, estos parques resonaban con los gritos de niños en patinetas y los silbatazos de unas retas de fútbol. Junto con vendedores ambulantes ofreciendo meticulosamente fruta cortada en cubos, bañada en limón y Tajín.

El Parque MacArthur es hogar de un gigantesco lago en el que, en esa mañana en particular, bastantes personas se reunieron alrededor, a pescar lobinas. Muy pronto, la ribera sur del lago será sede de un proyecto de captación de agua de lluvia de 40 millones de dólares, diseñado para recolectar y tratar el agua de lluvia que escurre por la zona. Este nuevo proyecto es financiado por el programa Safe, Clean Water Program del condado, que cobra un impuesto a los propietarios por las superficies impermeables de sus terrenos privados (como estacionamientos o entradas de concreto para automóviles).

El Parque MacArthur era un basurero pantanoso hasta finales del siglo 19, cuando la ciudad decidió revitalizar el espacio. El parque ahora se encuentra en el centro de uno de los lugares más culturalmente ricos de la ciudad.

El Parque MacArthur es atravesado por el ajetreado Boulevard Wilshire, una vía automovilística que la ciudad considera cerrar para reconectar las dos mitades del parque. Durante la Copa Mundial de este verano, en el que el parque va a ser el centro de eventos para ver partidos de fútbol, un evento de calles abiertas de dos días servirá como programa piloto para explorar lo que podría ser posible. La intervención conectará desde el Parque MacArthur hasta el Parque Lafayette, imaginando un futuro en el que esta calle se transforme en un único corredor verde continuo.

“Vamos a tener que pensar en grande—tan grande como un centro comercial—porque los espacios pequeños no son suficientes.”

A solo tres calles del Parque Lafayette, la Facultad de Derecho Southwestern transformó una sección de la Avenida Westmoreland en un pequeño parque de césped entre sus dos edificios principales. La vegetación podría enriquecerse de más biodiversidad nativa, pero mientras me sentaba bajo la sombra de los jacarandas, disfruté de una refrescante sombra y de un respiro del incesante ruido de los vehículos. Al deshacernos de los automóviles unas cuantas cuadras más podríamos comenzar a revelar las posibilidades no solo de reconectar los parques, sino también de devolver la naturaleza a Wilshire.

En otra calurosa tarde, caminé hasta el Parque Shatto, el ejemplo perfecto de un “parque en estrés”. Observé un antiguo hospital construido sobre pozos petroleros abandonados, pidiendo a gritos ser restaurado. Ese lunes, tres equipos de diferentes deportes entrenaban en el mismo campo de béisbol, cercado por un centro comercial. Sin embargo, al rodear la esquina, el Rite Aid de al lado estaba abandonado, con el estacionamiento vacío midiendo exactamente lo mismo que el campo de béisbol. Imagina si Los Ángeles siguiera el ejemplo de la ciudad vecina de Glendale, que está convirtiendo un centro comercial vacío en un parque. 

El potencial no alcanzado de mi ciudad

Vamos a tener que pensar en grande—tan grande como un centro comercial—porque los espacios pequeños no son suficientes. “Un montón de pequeños parques no son suficientes cuando se trata de conectividad y las necesidades de hábitat de otras especies ” dice Margulies, quien también dirige la Maestría en Arquitectura del Paisaje y Urbanismo de la Universidad del Sur de California. 

También señala otra oportunidad: escuelas. “El espacio ya existe”, dice. “Solo es cuestión de poder usarlo”

En toda mi comunidad, los patios escolares presentan una situación terriblemente familiar—y peligrosamente calurosa. Justo fuera del área donde vivo, el despacho SALT Landscape Architects, en colaboración con el Los Angeles Neighborhood Land Trust, está por concluir la transformación de la Escuela Primaria Esperanza. “Este es el modelo”, dice su fundador Allen Compton sobre el plan para reemplazar casi 40,000 pies cuadrados de asfalto por salvia y girasoles. “Pone la vara muy alta”. Los estudiantes ya han observado mosqueros sauceros, halcones peregrinos y al menos un búho llanero. En todo L.A., el estudio de diseño ha reverdecido 18 patios de escuelas públicas, plantado casi mil árboles y retirado más de 775 mil pies cuadrados de superficies pavimentadas en los últimos cinco años.

El Parque Lafayette toma vida en los campos donde los niños juegan fútbol soccer o hacen trucos en sus patinetas.

La clave está en abrir los patios escolares al público fuera del horario de clases—algo que L.A. apenas está comenzando a hacer tras años atrapado en un limbo legal. Si los casi 600 patios escolares del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles ubicados dentro de los límites de la ciudad fueran reverdecidos y abiertos como parques, el número de Angelinos que tendrían un parque a 10 minutos caminando se dispararía 87.7 porciento

Terminé mi último paseo frente a nuestra escuela primaria y traté de imaginar cómo sería el acceso día a día. Estando tan cerca, mis hijos podrían ir caminando por su cuenta. Imaginé las posibilidades: un pequeño bosque brindando sombra a la zona más calurosa, un jardín rocoso filtrando el agua de lluvia. Imaginé familias y maestros trabajando juntos—un futuro en el que, finalmente, floreciera todo el potencial de mi barrio. 

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Traducción por Dante Ureta

Alissa Walker escribe sobre transporte, vivienda, diseño urbano, espacio público y política ambiental en Los Ángeles. Es la editora de Torched, un medio que documenta las inversiones públicas y las decisiones políticas que Los Ángeles está tomando en esta era de mega eventos. 

Alejandra Martínez Cortes es una artista multidisciplinaria cuya práctica se centra en el cine y la fotografía digital, incluyendo impresiones en cuarto oscuro, archivos y medios mixtos. Su arte es una respuesta directa a su confusión ante la discriminación que sufre su familia y ella misma como mexicana nacida y criada en Los Ángeles. A través de su trabajo rinde homenaje a su ciudad y a quienes la habitan. Es su forma de crear una narrativa de aprecio por lo que su comunidad ofrece y lo que las personas privilegiadas malinterpretan constantemente. Martínez reside actualmente en Los Ángeles y está finalizando su licenciatura en la UCLA.

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